
Cada vez que suena una sirena, los bomberos van preparados para enfrentarse con lo peor. Sea un incendio o un accidente de tránsito, saben que la posibilidad de encontrarse con víctimas fatales es alta. Y el trauma que genera una tragedia de este tipo, es mucho más grande cuando no se cuenta con apoyo psicológico o con un soporte familiar adecuado en quien apoyarse.
Generalmente se imaginan a los bomberos dentro de incendios, combatiendo el fuego, atendiendo a los heridos, pero la vida de los bomberos es mucho más que eso y lo descubrí únicamente cuando logré pertenecer al cuerpo general de bomberos del Perú.
La mayoría de personas pueden imaginarse esta labor, sin embargo no son conscientes de lo duro que puede resultar ser un buen bombero. No solo es querer hacerlo, querer salvar vidas o servir a la sociedad, es también tener el coraje de cumplir esta labor y verla como la gran responsabilidad que hemos decido realizar, aunque la mayoría de nosotros vemos esto como una pasión que en cada salida nos llena de satisfacción.
Al ingresar a esta compañía, sin ningún tipo de referente, pude darme cuenta de la vida que se lleva dentro, del grado de hermandad que se siente y principalmente de las normas de vida que tienen, siendo la principal el trabajo en equipo. Todos se apoyan unos a otros con un mismo objetivo, terminar una emergencia. Y se convierten en una gran familia, descuidando en algunos casos la suya propia.
Una de las grandes dificultades en este grupo de personas es el grado de estrés al que están expuestos y la tensión que se siente durante todo el tiempo de servicio, ya sea por esperar el sonido de la alarma selectiva, o por una falsa alarma, incluso por estar en una emergencia difícil de controlar. Es por esto que considero necesario el apoyo que deben recibir los bomberos, no solo de ellos mismos, sino también de sus familias, su parejas, sus hijos, ya que son ellos los que le van a brindar la estabilidad emocional que necesitan al acudir a una emergencia.